Un lugar, dos paisajes muy distintos
El Salar de Uyuni es el desierto de sal más grande del mundo, con más de 10.000 km² de costra blanca sobre el altiplano boliviano. Entre mayo y noviembre, en temporada seca, la superficie es firme y agrietada en un patrón hexagonal que se puede recorrer en 4x4 sin restricciones, ideal para las fotos con efecto de perspectiva que hicieron famoso al lugar. Entre diciembre y abril, en temporada de lluvias, una fina capa de agua cubre el salar y lo convierte en un espejo perfecto que duplica el cielo: es la imagen más buscada en redes sociales, pero también la que menos se puede planificar con certeza, porque depende de las lluvias de cada semana.
Qué incluye un recorrido típico
La mayoría de las salidas parten desde el pueblo de Uyuni en tours de uno a cuatro días. El de un día suele cubrir el cementerio de trenes, un pueblo salinero, la isla Incahuasi con sus cactus centenarios y el atardecer sobre el salar. Los tours de varios días siguen hacia el suroeste boliviano, con las lagunas de colores, los géiseres del Sol de Mañana y las aguas termales de Polques, terminando cerca de la frontera con Chile o de regreso en Uyuni.
Antes de viajar
La altitud —el salar está a más de 3.650 metros— y el frío nocturno, que puede bajar de cero incluso en verano, son los dos factores a tener en cuenta al empacar: ropa en capas, protección solar fuerte por la reverberación de la sal, y algún día de aclimatación previo en La Paz o Uyuni si vienes de nivel del mar. Como el paisaje cambia según el clima de la semana, conviene reservar con pocos días de antelación una vez en Bolivia, en vez de fijar la fecha meses antes.